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Verticalización de la cooperación

Estamos refiriéndonos a trabajo cooperativo en el sobreentendido de una estructura dentro de un grupo de alumnos de un determinado nivel educativo.

Sin embargo, también hay fórmulas de promoción del trabajo cooperativo que van más allá de la actuación en el seno de una clase de alumnos. Hablamos de verticalización de la cooperación cuando la interacción se produce entre alumnos de clases y edades diferentes.

Seguramente todo docente conozca algunas de estas fórmulas, como el apadrinamiento lector: un alumno de más edad tutela, monitoriza, estimula y acompaña la lectura de libros de un alumno de menor edad.

Pues bien: esta misma fórmula puede también implementarse en otros campos de aprendizaje: podríamos hablar de apadrinamiento lectoescritor, apadrinamiento matemático, etc. Un alumno se hace cargo del seguimiento de un compañero de menor edad: le explica, aconseja, previene con respecto a posibles dificultades de aprendizaje, evalúa si está aprendiendo adecuadamente...

Organizativamente puede adoptar varias fórmulas: un día de la semana el centro dedica una o dos horas a este intercambio entre alumnos. La relación entre alumnos puede ser 1:1, o bien adoptar otra fórmulas: por ejemplo, el equipo de trabajo monitoriza y apoya a cuatro alumnos de un curso inferior.

Generalmente, para alumnos de menor edad es conveniente elegir a alumnos de una edad superior (por ejemplo, alumnos de 4º de ESO monitorizan a alumnos de 3º de Primaria; de 3º de ESO a 4º de Primaria; de 2º de ESO a alumnos de 5º; de 1º de ESO a alumnos de 6º...). Esta pauta se debe a que generalmente es más complicado ponerse en el punto de vista de un alumno de menor edad (y por tanto requiere que los compañeros estrella tengan más flexibilidad de pensamiento, más capacidad de adaptarse a un estilo de aprendizaje y mentalidad muy distintos).

Una fórmula de cooperación que incluye agentes externos al colegio (estudiantes de Educación, padres, voluntarios, ONG, etc.) son las Comunidades de Aprendizaje. Sobre un determinado tema (normalmente con marcado carácter dialógico, como un debate medioambiental, medidas de mejora del barrio, un cinefórum o librofórum, etc.), y tras una preparación previa, un día a la semana organizamos grupos de debate con alumnos de distintos cursos y otras personas ajenas al colegio.

Nota

En varias universidades españolas y en muchas extranjeras, el escenario de trabajo de un alumno es el siguiente: un discente de primero de carrera formará grupo con otro de segundo, otro de tercero y otro de cuarto. Deberán hacer un proyecto conjunto, cuya complejidad y carga de trabajo exige que todos colaboren, cada uno en la medida de sus posibilidades y conocimientos. Quiero decir con esto que el alumno neófito no podrá simplemente dedicarse a contemplar cómo otros resuelven el trabajo: él es una pieza básica para el éxito del grupo.

Por su parte, el alumno de 4º (que habrá vivido esta misma experiencia cuando estaba en cursos inferiores) sabrá que la clave del éxito de su trabajo, o si se quiere decir en términos más crematísticos, su nota, depende de lograr que el alumno de 1º también aporte al grupo; para lo cual seguramente tendrá que orientarle en su aprendizaje.

Lo que evalúa esta situación descrita (por cierto: para la que no siempre los alumnos que acceden a la universidad llegan bien preparados...) no es solo el aprendizaje individual que sea capaz de poner en juego un alumno, por ejemplo el de 4º. Evalúa, en cambio, la capacidad que el grupo tiene de organizar adecuadamente subtareas, determinar necesidades de aprendizaje de cada miembro, transferir conocimientos de forma vertical... A poco que lo pensemos, todas estas vertientes son claves en el panorama que hemos descrito como el que constituirá la realidad de nuestros alumnos actuales en su vida adulta.