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Trabajo cooperativo: un planteamiento sistémico

No merece la pena intentar implementar una estructura de trabajo cooperativo en un centro si

- No se está dispuesto a invertir tiempo escolar en aprender la nueva fórmula de trabajo

- No se tiene suficiente paciencia como para esperar a que la fase de aprendizaje de las dinámicas de trabajo, y, lo que es más importante, la filosofía del trabajo cooperativo sean superadas, empezando entonces a obtener los beneficios de un aprendizaje profundo y comprensivo.

- No se está dispuesto a romper las inevitables resistencias que inevitablemente se producirán.

Todos los expertos coincidimos en que hasta el segundo año de aplicación de estructuras de trabajo cooperativo no se perciben realmente los frutos del trabajo. Acomodar a profesores, alumnos (e incluso padres) a un nuevo contexto, a veces alejado de la zona de confort, e incluso aprender las nuevas dinámicas de trabajo, la filosofía de fondo (no se trata de aprender uno mismo, sino de aprender en grupo, aprender solidariamente, cada uno en la medida de sus posibilidades, pero responsabilizándose del aprendizaje de los demás), cuesta tiempo, requiere una curva de aprendizaje que no es baladí. Corremos el peligro, si no estamos convencidos del éxito final, de que merece la pena, de que los alumnos adquieren otros insumos distintos al aprendizaje de una determinada materia, de que la impaciencia nos lleve a rechazar el modelo de trabajo.

Cuanto antes comience el alumno a familiarizarse con este nuevo entorno de trabajo, más dúctil será, y por tanto menos abrupto el choque. Comenzar con dinámicas cooperativas a los 3 años no solo es posible, sino imprescindible para un planteamiento escolar viable. Por otra parte, cuanto más contraste existe entre la metodología previa y el trabajo cooperativo, más abrupta y costosa será la transición; que, en todo caso, debemos modular, graduar...

Aunque determinar los motivos por los que trabajar con esta metodología y las aportaciones del cooperativo a las que me acabo de referir forma parte de la tarea que realizas en este módulo, lo cierto es que tenemos que hacer saber explícitamente a todos los vectores implicados en el proceso (equipos directivos, docentes, responsables IT, alumnos, padres, etc.) cuáles son estos motivos, estos valores añadidos. Algunos están simplemente sugeridos en la siguiente imagen:

 

Todos los agentes implicados deben comprender estos motivos. Para los alumnos, y especialmente para aquellos con buenas calificaciones en el sistema escolar precedente, salir de la zona de confort no es sencillo. Hacer entender y aceptar al alumno que su calificación depende ahora no de algo que rutinariamente viene practicando  con éxito y sin sorpresas (ciclo de atender en clase, estudiar en casa y hacer exámenes...), y que parte de tu nota depende de la calificación que obtengan los demás, o que su trabajo puede realizarse de formas muy distintas y debe asumir riesgos y evaluar resultados, no es sencillo; pero si necesario.

Lo mismo sucede con respecto a los padres (pensemos en el contraste entre el mundo académico que conocieron y la propuesta que les ponemos encima de la mesa). Además, tendremos que orientarles en su nuevo rol, en cómo ayudar ahora en los estudios de sus hijos.

Por último, los docentes necesitan también una formación sólida, pero desde luego sentirse acompañados en los primeros momentos de incertidumbre: o implementamos también estructura de trabajo cooperativo entre los profesores neófitos, o corremos el riesgo de un prematuro desaliento, o, lo que es peor, de introducir cambios superficiales en los flujos de trabajo y creer que ya se está aplicando la metodología cooperativa. Es costoso también llega a aceptar que el rol del docente es otro que el de transmisión de información (para eso tenemos medios más eficientes y especializados), y asumir que su papel es ahora el de un catalizador de aprendizajes, la persona que diseña situaciones y entornos enriquecidos en los que (como veíamos en el SOLE o aprendizaje autoorganizado de Sugata Mitra) el aprendizaje simplemente sucede con pleno protagonismo del alumno.

Nota

Para poder trabajar de forma cooperativa, son precisos tres requisitos, que, como hemos indicado, deben implementarse paulatinamente:

- Poder cooperar: lo fundamental es que se den las estructuras (espaciales, temporales y de agrupamiento) adecuadas. Por ejemplo, si en el diseño de una tarea el nivel de complejidad de cada subtarea no permite que un alumno con menos capacidades realice una aportación positiva para el grupo, estaremos impidiendo verdaderas situaciones de cooperación. O si el nivel de los equipos de trabajo es muy desigual, estaremos desincentivando las situaciones en las que hay un contraste del producto final elaborado por cada uno de ellos.

- Querer cooperar: hay muchas actitudes que deben concurrir para hablar de un verdadero trabajo cooperativo. Sin duda la empatía (ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, analizar sus fortalezas y debilidades, respetar sus deseos) es la más importante, pero no la única: la asertividad, la solidaridad, la identidad colectiva (por eso hemos insistido en que el equipo tenga sus propias señas identitarias), el compromiso interpersonal, la honestidad, el realismo en la autocrítica, etc., son piedra angular del trabajo cooperativo.

- Saber cooperar: aprender a cooperar, algo muy distinto a trabajar en grupo, requiere un proceso de aprendizaje, que debe estar caracterizado por la gradualidad (podemos empezar por tareas simples y por parejas), y por el respeto inicial ante un trabajo que posiblemente adolezca de graves carencias (tolerar el error como parte del proceso de aprendizaje natural), así como el diseño de situaciones que permitan interioridad la noción de cooperación e interdependencia positiva. Al respecto, el que los alumnos conozcan los motivos por los que trabajamos con estructura cooperativas es crucial: solo así sabrán valorar el esfuerzo de organización y automonitorización que les pedimos, el ajuste a determinadas reglas, normas y procesos. No es productivo imponer el trabajo cooperativo sin explicar por qué, por supuesto en los términos que los alumnos de cada edad (y otros colectivos implicados, como los adultos responsables de los alumnos) pueda comprender.