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Roles del equipo de trabajo

Lo esencial...

Para que exista un trabajo cooperativo; para el trabajo sea no simplemente "grupal", sino cooperativo, debe existir una interdependencia positiva. Podríamos definir este concepto de la siguiente forma: el trabajo de cada alumno depende del trabajo de los demás.

Por tanto, cada alumno no puede individualmente tener éxito si sus compañeros no cumplen los respectivos cometidos.

No es trabajo cooperativo un póster hecho entre todos los miembros de un grupo. La dinámica interna ha podido ser que el alumno más brillante haga todo el trabajo, y los demás hayan tenido un papel irrelevante. O simplemente que cada alumno haya hecho una cuarta parte del trabajo, que luego se ha yuxtapuesto, "pegado" en un producto final "de grupo".

Sí es trabajo cooperativo si para hacer este mismo póster un alumno ha buscado datos relevantes, los ha comunicado al alumno que escribe un texto resumen y al que hace gráficos, quienes a su vez han contrastado sus respectivos productos para que estén en sintonía; en tanto el alumno encargado del diseño y montaje ha buscado las ilustraciones que mejor convienen al póster en función de la aportación de los otros tres miembros del grupo, ha pedido que el gráfico sea de un determinado tipo y ocupe un determinado tamaño, ha solicitado al primer alumno, documentalista, la frase clave, que ha sido debatida, etc. En esta dinámica, el trabajo de cada alumno sí depende del de sus compañeros. Uno de los miembros del grupo habrá acarreado el material necesario (preguntando a sus compañeros), otro habrá trazado un primer boceto del póster, otro buscará ejemplos de infografías que sirvan de inspiración...

Ahora bien, para que realmente exista interdependencia positiva, es condición necesaria que cada alumno pueda aportar un trabajo que resulte relevante para el grupo. Si proponemos tareas que superan en dificultad lo que uno de los miembros del grupo puede hacer, este perderá relevancia dentro de la dinámica del equipo. Los trabajos propuestos, su reparto de tareas, debe propiciar el que tanto alumnos de altas como de medias y bajas capacidades puedan aportar al grupo algo útil, necesario para el conjunto.

Parte de la interdependencia positiva tiene que ver con la gestión de papeles dentro del equipo de trabajo.

Además, un equipo sin roles claramente asignados está abocado al fracaso: a que distintos alumnos pretendan ser quienes organicen y repartan tareas, provean de materiales, comuniquen resultados.... Uno de los valores claves del trabajo cooperativo es precisamente aprender a organizarse como estructura funcional, asumir roles concretos y respetar el protagonismo de los compañeros en los que ellos ostentan, diferenciar en cada situación quién debe intervenir. Trabajar en equipo requiere no simplemente la agregación del trabajo individual de cada miembro, sino la especialización en tareas concretas. Eso es lo que dota de funcionalidad y eficiencia al equipo de trabajo. Y es un aprendizaje impagable, porque es uno de los requisitos de cualquier desempeño laboral, de alta o baja cualificación, en el mundo globalizado y competitivo en el que vivimos (con independencia de otros impagables aprendizajes vinculados a las inteligencias intrapersonal e interpersonal: saber admitir las necesidades y puntos de vista del otro; ser empático y ecuánime; saber ceder pero también ser asertivo...).

Así, pues, una buena estructuración de los roles de cada miembro del equipo de trabajo resulta crucial.

Si partimos de cuatro como el número de integrantes del grupo, deberemos prioriza qué cuatro roles son claves para una mayor eficiencia. Obviamente, dependerá en gran medida de la experiencia previa que tengan los alumnos, de nivel de madurez y capacidad de autocontrol... Por tanto, simplemente vamos a poner algunos ejemplos de roles posibles:

- Moderador: es el encargado de otorgar turnos de palabra en los momentos diabólicos del trabajo cooperativo (puesta en común, toma de decisiones, diseño de la organización de una tarea, etc.). Es responsable de promover una participación equitativa de los miembros del equipo, de ordenar las intervenciones, etc.

- Portavoz: su cometido es instituirse en representante del equipo cuando se trata de comunicar los resultados de un trabajo al gran grupo. Es papel es complicado, porque no siempre es fácil sustraerse de la opinión o vivencia propia para hablar en nombre de todo el equipo, del consenso alcanzado, detectando también las dificultades experimentadas en una resolución. El cargo puede coexistir o coincidir con el de Secretario, entendiendo que el papel de este último está más orientado a dejar constancia escrita de los acuerdos, llevar a cabo la bitácora de un trabajo, redactar las conclusiones alcanzadas, etc.

- Encargo de flujo de trabajo: su papel fundamental es repartir de forma equitativa y proporcional a las capacidades de cada miembro del equipo tareas intermedias. En cierto sentido, lidera la resolución de tareas, lo que no significa que no tenga en cuenta el punto de vista ajeno, las pretensiones y expectativas de cada miembro del equipo. Su rol fundamental es diseñar un plan de ataque de las tareas, determinando pasos intermedios, necesidades materiales y de aprendizaje que debe subvenir el equipo para solventar la tarea, estableciendo un cronograma cuando se trata de tareas que requieren un periodo medio o largo de ejecución, coordinado las distintas fases de intervención de cada uno de los miembros del equipo... Es el "arquitecto" de resolución de la tarea.

- Supervisor. Su rol fundamental es el de ser fedatario de si se está trabajando acorde al flujo establecido. Sería el "capataz de obra" de la resolución de la tarea. No simplemente se limita a constatar la realidad, sino que interviene reorientando la ejecución de tareas intermedias (verificando si tienen suficiente calidad para el propósito final, por ejemplo, o si están en el plazo acordado). A veces la supervisión tiene un perfil más vinculado al propio ambiente de trabajo, y en este caso podemos hablar (como parte de sus atribuciones, o como una figura distinta) del Encargado de gestión ambiental: analiza, por ejemplo, si el ruido es excesivo. No es una cuestión baladí: trabajar  con estructuras cooperativas significa por parte del profesor renunciar (al menos en determinados momentos) a un ambiente controlado por el docente, silencioso, apacible. Implica asumir que el ruido es parte natural del intercambio dialógico y del trabajo grupal. Pero un ruido excesivo implica pérdida de poder de concentración, e incluso un ambiente de trabajo hostil (seguramente, sobrepasar un determinado umbral de ruido en un grupo provoque el que equipo que está trabajando también en una puesta en común o una discusión tenga que elevar el tono para poderse oír, generando un efecto bola de nieve).

Por tanto, medir los decibelios (de forma intuitiva o de forma asistida, por ejemplo con los cientos de app con función de sonómetro de los dispositivos móviles) resulta fundamental para que el ambiente sea adecuado. Y diseminar esta función en los cuatro miembros del equipo puede dar lugar a que la responsabilidad se diluya en exceso, o a que cada dos por tres un miembro del equipo interrumpa al considerar que se está hablando demasiado alto.

Aunque el rol podría ser perfectamente "Encargado del ruido" (y en alumnos pequeños es incluso aconsejable que este sea el cometido único de un miembro de cada grupo), hemos hablado de "Encargado de gestión ambiental" para referirnos a otras vertientes más allá de la emisión sonora: el uso correcto y no excesivo de materiales fungibles, el orden y limpieza al acabar un periodo de trabajo, la salud postural o cuantos elementos consustanciales al trabajo del equipo queramos supervisar y mejorar.

Al hilo de esta consideración, los roles deben:

- estar nítidamente establecidos, con una diferencia de funciones clara, evitando zonas de intersección en las funciones de dos o más roles.

- ser asumidos progresivamente: podemos empezar con perfiles de asignación simples, para progresivamente ir introduciendo variaciones..

- ser persistentes en el tiempo (requieren cierto periodo de aprendizaje, y habrá alumnos que resulten más eficaces en el desempeño de uno de dichos roles), pero a la vez rotatorios (la cadencia podría ser también caba trimestre, y coincidiendo con el cambio del equipo base).

Cita

Proponen  Paloma Moruno Torres, Mónica Sánchez Reula y Francisco Zariquiey Biondi en Moruno P., Sánchez M., y Zariquiey F. Biondi. La red de aprendizaje, capítulo 7, p. 24:

"Los primeros roles que asignaremos serán los de formación y funcionamiento. Las funciones que resultan imprescindibles para empezar a trabajar serían: (a) un rol para dirigir las actividades y repartir el turno de palabra (con esto aseguramos que el equipo trabaje de forma ordenada y sin desviaciones); (b) un rol encargado de comunicarse con el docente y los otros grupos, y de recoger los materiales necesarios para el trabajo (así evitamos el movimiento errático de los alumnos por la clase y conseguimos que sólo se pregunte al profesor cuando ninguno de los miembros del grupo conoce la respuesta); (c) un rol para supervisar el nivel del ruido y la implicación en la tarea (de este modo empezamos a dotar a los grupos de la capacidad de autorregularse); y (d) un rol para llevar la agenda grupal y revisar que todos han cumplido con el trabajo (de este modo incidimos en la autogestión del equipo y contribuimos al desarrollo de estrategias metacognitivas)."