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Homogeneidad vs. heterogeneidad en los equipos base

Autoevaluación

Reflexiona sobre la siguiente cuestión

Pregunta 1

A la hora de hacer grupos de alumnos, ¿es mejor optar por agrupamientos de alumnos homogéneos en cuanto a características cognitivas, capacidades, nivel de conocimientos, etc.?

El argumento a la anterior pregunta es claro: en grupos heterogéneos, hay más sinergia, más intercambio de flujo de información e intercambio de interacción entre personas. Metafóricamente hablando, pensemos en dos vasos comunicantes: circulará el agua con mayor velocidad en la pareja en la que exista más diferencia de nivel inicial.

Tenemos que tener clara esta premisa: el verdadero aprendizaje del trabajo cooperativo no está en lo que cada uno aprende de forma individual, sino en lo que cada uno aporta a otro: lo que cada uno enseña o aprende del otro. El alumno con altas capacidades que experimenta la dificultad de poder enseñar a un compañero con menos facilidad para el aprendizaje, está ganando una experiencia impagable: sabe detectar las dificultades de un aprendizaje, los posibles fallos en la comprensión. La verdadera ganancia del cooperativo es precisamente la metacognición.

Y no es una cuestión menor: tal como hemos indicado previamente, el alumno del siglo XXI estará obligado (parafraseando a Alwin Toffler) a aprender, desaprender y reaprender. Deberá hacerlo cíclicamente. Posiblemente muchos de los contenidos que le enseñamos (también hemos reflexionado al respecto) no estarán en vigor cuando sea adulto, habrán quedado obsoletos (no nos costaría mucho echar la vista atrás y ver cómo solo hace un par de décadas las Matemáticas escolares gravitaban alrededor de la teoría de conjuntos, aplicaciones biyectivas, o el análisis morfosintáctico que se enseñaba era deudor de los postulados generativistas, y en Informática se enseñaba Logo, el lenguaje de programación de la "tortuguita"...: quiero decir que en el seno de las propias disciplinas epistemológicas también hay cambios de prioridades, evolución...). Nuestro alumno se verá obligado a aprender por sí mismo (como indica Sugata Mitra: "No lo sé, y además me tengo que ir"). En el fondo, puede simplificarse mucho el idea al que debe tender sensatamente todo centro educativo: hacer de los alumnos buenos maestros (aunque sea buenos maestros para sí mismos). 

Un maestro es aquel que investiga, indaga, selecciona lo relevante, lo transforma en conocimiento... Eso mismo es el trabajo cooperativo. Y, en este contexto, poner en un mismo equipo de trabajo a alumnos de distintas capacidades es mutuamente beneficioso: si hemos convenido que un poderoso mecanismo de aprendizaje de los nativos digitales es la imitación (la activación de las neuronas espejo), los alumnos de menores capacidades tienen un referente válido; mientras que para los de más altas capacidades, es un reto enseñar a alguien con menor potencia de aprendizaje.

Obviamente, a su vez los grupos deben estar compensados entre sí (dado que en muchas de las dinámicas que vamos a ver se evalúa el rendimiento del conjunto.

Nota

Esta prevalencia de grupos heterogéneos, y así lo señalan Holubec y los hermanos Johnson, no excluye que para determinados aprendizajes instrumentales muy específicos, o para determinados campos de ampliación o de refuerzo no pueda recurrirse esporádicamente a grupos homogéneos. Es importante saber modular adecuadamente ambas combinaciones.

En la misma línea, Tomlinson ( Tomlinson, C.A. (2005). Estrategias para trabajar con la diversidad en el aula . Buenos Aires: Paidos) indica:

"[...] en ocasiones será conveniente que los estudiantes con similar nivel de aptitud trabajen juntos o con el docente. También deberá haber ocasiones en que se propongan tareas destinadas a reunir a alumnos con distintos niveles de aptitud de un modo que resulte provechoso para todos. Algunas veces, estudiantes con intereses similares trabajarán juntos en un área que sea importante para todos, mientras que otras veces se reunirán alumnos con diferentes especialidades para contemplar una idea o tema desde varios ángulos distintos”.

Por su parte, sugieren Paloma Moruno Torres, Mónica Sánchez Reula y Francisco Zariquiey Biondi en Moruno P., Sánchez M., y Zariquiey F. Biondi. La red de aprendizaje, capítulo 7, p. 26:

 "Ahora bien, es necesario que tomemos ciertas precauciones para que la interdependencia no condicione los procesos de diferenciación del aprendizaje y, en consecuencia, la atención a la diversidad. Y una de las claves fundamentales está en no caer en el error de que los alumnos que trabajan juntos deben realizar las mismas actividades, de la misma forma y en el mismo lapso de tiempo. La atención a la diversidad supone un esfuerzo por diferenciar el producto educativo, de forma que se adapte a las necesidades de cada uno de los alumnos. Por ello, aunque en muchas ocasiones los alumnos realizarán juntos las mismas actividades, en muchas otras trabajarán con niveles de contenido, actividades y ritmos distintos, especialmente diseñados para potenciar su propio proceso de aprendizaje.

¿Dónde queda entonces el grupo? En que el equipo facilita el trabajo de sus miembros, proporcionándole una experiencia educativa más rica, en la que reciben un nivel mayor de apoyo."

Otras posibilidades para constituir los equipos de trabajo podrían ser las siguientes:

- al azar: corremos el peligro de que los grupos resultantes no tengan la misma capacidad. Como una parte importante de las actividades cooperativas tienen una estructura de "gaming", o competitiva, esta opción es poco aconsejable. Para agrupamientos esporádicos no sería un método descartable.

- elegidos por los propios alumnos: generalmente tiende a empobrecer el círculo de relaciones personales de los alumnos, y a agrupar a alumnos marginados en el entramado de relaciones interpersonales de los alumnos del aula en un mismo grupo, generando disfuncionalidades. En todo caso, en el procedimiento que hemos fijado queda garantizado que tenemos en cuenta las afinidades y fobias de alumnos.