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Gestión del espacio en trabajo cooperativo

Hablaremos del espacio al menos en un triple sentido::

- organización general del aula

- organización de los equipos de trabajo en momentos de trabajo de puesta en común

- organización general del centro educativo

En el primer caso, favorece la dinámica cooperativa el disponer de un aula de planta abierta, en el que pueda pasarse con facilidad de una disposición de exposición al gran grupo a otra de trabajo grupal de análisis e incluso de trabajo individual. El siguiente video resume esta idea:

 

Espacios en trabajo cooperativo from imartin on Vimeo.

Reflexiona

No siempre de la noche a la mañana podemos cambiar el plano del aula. Tenemos el espacio que tenemos, y el mobiliario que hemos recibido, generalmente pensado para un entorno de trabajo más individual. Pero no es menos cierto que podemos introducir algunos cambios que marquen una nueva disposición espacial. Por ejemplo, ¿dónde pondríamos la mesa del profesor?

En cuanto a la estructuración espacial del equipo de trabajo en la fase de puesta en común, vamos a poner solo cuatro ejemplos de distribución:

 

Este modelo, al que he denominado así por analogía al motivo icónico de la cruz del arte astur prerrománico, tiene la ventaja de que el alumno se encuentra próximo a dos compañeros, pero preservando cierta intimidad (a veces, la excesiva proximidad de tres compañeros puede llegar a resultar agobiante). Además, se establece una clara disimetría entre la posición de los miembros de los restantes miembros del grupo, lo que predispone a un intercambio más frecuente con el compañero próximo, y solo en determinado momentos a un intercambio con el conjunto del equipo de trabajo. De esta forma, el protagonismo de cada alumno aumenta...

Esta disposición no supone un derroche de espacio: el hueco creado en el medio del grupo puede se aprovechado para dejar el material escolar, mochilas, etc. El hecho de separar a los alumnos (aquí sí con una distancia constante entre cada miembro del equipo) también tiene que ver con combinar el intercambio del grupo con cierta privacidad, con un espacio personal.

El nombre de esta disposición es por analogía al sistema de construcción de paramentos en el que se intercalan ladrillos de canto de vez en cuando. Se pretende que los alumnos tengan también tendencia al trabajo por parejas (dejando también un espacio individual, ya que no hay ningún compañero sentado de la misma forma que no esté en el plano opuesto), antes del intercambio grupal. De nuevo pretendemos combinar tres niveles de trabajo: individual, parejas y grupo.

El último de los modelos espaciales de equipo de trabajo es más convencional: se favorece el contacto visual con los tres miembros del equipo casi por igual, y propende al intercambio de grupo por encima del intercambio por parejas.

Sea cual sea la distribución adoptada, todavía hay un aspecto muy importante por resolver. Supongamos que en el grupo hay un alumno de alta capacidad, dos de capacidad media, y uno de capacidad baja: ¿qué posiciones relativas son las más adecuadas?. Este gráfico da cuenta de esta cuestión:

Es conveniente no sentar juntos a los alumnos de ata y baja capacidad. Realmente, sí queremos que exista un intercambio entre ellos; pero no de forma directa, como un choque abrupto, sino intermediada. Entre los alumnos sentados enfrente tienden a establecerse relaciones de diálogo; mientras que por parte de alumnos sentados al lado es frecuente compartir recursos (propuestas de resolución de una tarea, por ejemplo). De esta forma, la información sí circulará entre el alumno de alta y baja capacidad, pero filtrada, acomodada. La posición del alumno sentado al lado del de capacidad más limitada debería ser ocupada además, cuando es posible, por un alumno de perfil prosocial, que sirva como "peer tutoring" o compañero estrella.

Por último, una visión sobre la organización general de los espacios del centro. Dejando de lado propuestas como "aula-materia", que permitirían diseñar espacios específicos para las diferentes situaciones de aprendizaje que pretendemos implementar (al modo de talleres de construcción del conocimiento), podemos recurrir para potenciar el trabajo cooperativo a espacios generalmente subaprovechados: los pasillos son un recurso excelente para la exposición de determinados productos realizados por los alumnos, así como las bibliotecas, salones de actos (donde también se expongan a alumnos de otros grupos o cursos los resultados del trabajo), salas de usos múltiples, hall, etc. Debemos considerar que uno de los pilares básicos del trabajo cooperativo es la transferencia del conocimiento, no solo en el seno del equipo de trabajo o del gran grupo, sino respecto a otros colectivos (otros grupos, niveles, colectivos como padres, etc).

Cita

Johnson, Johnson y Holubec ( Johnson, D. W.; Johnson R. T. y Holubec E.,  El aprendizaje cooperativo en el aula. Barcelona, Paidós,1999) remarcan la importancia del espacio:

- proyecta valores, de forma implícita, sobre el papel de cada agente en el proceso educativo

- favorece u obstaculiza las relaciones de intercambio

- dificulta o favorece la movilidad en el aula, así como las transiciones entre distintos tipos de situaciones de aprendizaje (individual, pequeño grupo, gran grupo)