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Estructuras de trabajo cooperativo

Resulta fundamental dotar al trabajo cooperativo de una estructura de soporte (una organización) adecuada, funcional. Al respecto, tendremos que dar una respuesta a cuestiones clave, como por ejemplo:

- ¿Agrupamientos homogéneos o heterogéneos?

- ¿Grupos de qué número de alumnos?

- ¿Qué roles adopta cada componente del grupo?

- ¿Cuánto persisten los grupos en el tiempo?

- ¿Qué disposición espacial es la más adecuada?

- ¿Qué herramientas de gestión interna y externa deben tener los grupos para un funcionamiento correcto?

- ¿Son funcionales las estructuras verticales de cooperación?

Es obvio que la edad, la experiencia previa en interacción entre iguales, el número total de alumnos de una clase, la capacidad de resolución de conflictos y otros factores  condicionan notablemente la toma de decisiones al respecto. No hay por tanto recetas ni fórmulas magistrales que sean universalmente extrapolables; lo que no significa que no podamos proporcionar pautas y claves que, convenientemente adaptadas a cada realidad particular, permitan una toma de decisiones eficaz, sostenible en el tiempo. En lo fundamental la organización de estructuras de trabajo cooperativo es transversal a las materias, edades y etapas de desarrollo cognitivo y otras singularidades del ecosistema de enseñanza-aprendizaje

Una de las obras más importantes sobre estructuración del trabajo cooperativo es la de los hermanos Johnson y Holubec.

La clave

La clave del éxito o fracaso del cooperativo radica en dos aspectos:

- Una correcta estructuración de los grupos, que resulte estimulante, que combine, por ejemplo, una elevada sinergia (intercambio de opiniones) con orden (un ambiente adecuado)

- El aprendizaje de la dinámica de cooperación, que es un proceso lento y gradual en el tiempo, que no puede precipitarse. La mejor estructuración (despliegue estratégico) no será suficiente si paralelamente no concienciamos a los alumnos de la necesidad de enseñar a otros, aprender de otros, trabajar haciendo un buen uso del tiempo en cada proceso, ser autocríticas y responsables, etc. Este aprendizaje del propio "ethos" del trabajo cooperativo requiere un esfuerzo, una inversión de tiempo de clase (al principio la rentabilidad de trabajar cooperativamente es baja, y puede llevar a hacernos dudar sobre la eficacia del sistema si no tenemos claro que es un "peaje" que inevitablemente debemos pagar para recoger en el futuro frutos que lo compensan con creces).